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Aportar a los cacaoteros colombianos significa aportar a la paz

Escrito por: Paola Forero

C

asi desde la fundación de nuestro país podemos decir que hemos vivido en conflicto, y aunque sus formas han variado, podemos ver que las causas estructurales siguen siendo las mismas. Los habitantes del campo colombiano han sufrido muchas carencias como la pobre infraestructura, falta o escaso acceso a educación de calidad, servicios básicos como agua potable, luz y en las últimas décadas, a la falta de conectividad digital.

 

La violencia ha sido también una constante del conflicto, y aunque hasta hace unas décadas éste fue entendido como una forma de lucha política fundamentada en claras ideologías, el hecho de que ya no lo sea y que los actores armados del país respondan exclusivamente a incentivos económicos o de poder, no quiere decir que las causas estructurales mencionadas hayan cambiado.  

En este sentido podríamos pensar que la solución requiere indiscutiblemente que desarrollemos de una forma incluyente el campo colombiano, y que a pesar de que unos estén a favor y otros en contra de iniciativas como el acuerdo por la paz firmado en 2016, o la paz total del gobierno actual, es un hecho que la población del campo necesita ser el foco de cualquier esfuerzo que busque la paz. Hoy en día los jóvenes sólo tienen dos opciones de garantizarse un sustento para su vida, o emigra a las ciudades en busca de oportunidades o ingresa, voluntaria o involuntariamente a las economías ilegales, perpetuando el conflicto. 

¿Cómo solucionarlo? Es demasiado complejo, incluso para intentar discutirlo acá, sin embargo, hay iniciativas que aportan en este camino.

Desde hace casi una década se identificó que existen ciertos cultivos que pueden generar un impacto importante en brindar nuevas formas de vida. El cacao es uno de ellos, y a pesar de que su desarrollo representa retos, con esfuerzos conjuntos de varios sectores podremos superarlos y encontrar una luz en el camino. 

 

El cacao, hoy en día considerado como un súper alimento por todos los contenidos nutritivos que posee y los efectos positivos que genera en la salud y el ánimo de quienes lo consumen, es un fruto originario de la cuenca amazónica que, con los procesos y cuidados necesarios, se puede producir en varios territorios de nuestro país de forma sostenible, y muy importante, con unos muy altos niveles de calidad. El cacao de “fino y aroma” es un producto de alto valor apetecido en el mundo entero. 

 

Hoy en día para un cacaotero colombiano, una producción con estas características puede significar hasta un 50% adicional en el precio de venta y se espera que en el futuro próximo este valor incluso se incremente teniendo en cuenta que los consumidores y los reguladores exigen cada vez más que los productos garanticen ciertas condiciones sociales y ambientales de los lugares de origen. Por ejemplo, muchos consumidores se preocupan de que en la producción no exista trabajo infantil o que los productos tengan certificación de orgánico. Estas exigencias harán que aquellos productos que las cumplan sean mejor valorados.  

 

Volviendo al caso colombiano, pareciera entonces factible poder ser productores especializados. Contamos con las condiciones geográficas –que son indispensables- para lograrlo si superamos retos como, tener capacitación técnica, brindar acceso a herramientas, maquinaria y financiación -mientras se mejora la calidad de los cultivos-, y muy especialmente encontrar canales de comercialización. Ya existen proyectos que ejemplifican que esto es posible, y además son replicables.  

 

Si logramos que los cacaocultores produzcan y comercialicen un cacao fino y de aroma, desde Colombia para el mundo entero, lograremos hacerlos parte de un negocio sostenible en el tiempo, que les permita salir de la ilegalidad, y de una forma digna garantizar mejores niveles de vida para ellos.  

 

Este sector tiene mucho que aportar en la finalización del conflicto armado colombiano. Aportar a los cacaoteros colombianos significa aportar a la paz.